Han pasado los años y aún me pongo nerviosa cuando tengo que dirigirme a usted, aunque sea a través de un blog que probablemente nunca leerá.
Me gustaría agradecerle lo mucho que disfruté en sus clases, aprendimos y reimos, dos acciones para mí fundamentales en el aula.
Agradezco lo muy ordenado y metódico que fue para con nosotros, agradezco su nivel de exigencia y agradezco su saber evaluar y calificar a quienes nos esforzamos, pues sin duda, su asignatura era "la más temida", y una vez fue superada con éxito, en mí nació la esperanza de poder con todo, usted hizo que mi autoestima como estudiante creciese, algo contrario a lo que la mayoría de los docentes suelen generar en los alumnos.
Actualmente curso un Máster en formación del profesorado y, aunque me gusta, a veces siento que me preparan para dar clases en un correccional de menores, nos presentan a todos los adolescentes como más problemáticos que nunca, a los padres como menos comprensibles que nunca, al resto de los profesores como vagos con la mayor falta de motivación del mundo...etc., y no dudo que me encuentre con gente así (de hecho, aunque les duela a los profesores, que sepan que ese tipo de personas ¡existen en todas las profesiones!), pero me gustaría que usted viniese a clase, aunque sólo sea un día, a mostrarnos la cara amable de la docencia y a enseñarnos cómo es un buen profesor: alguien preparado en su disciplina, que respeta los horarios, que sabe perfectamente en qué punto del temario se quedó la clase anterior, que se prepara sus clases, que aporta sentido del humor, que consigue hacer ver al alumno lo importante que es aquello que hoy ha aprendido en clase...en fin, ójala viniese.
Aunque suene bíblico quiero que sepa que por mi parte, siempre predicaré y secundaré su forma de impartir clase, aún a sabiendas de que puedan tildarme de inmovilista convencida , ya que su método demostraba que aplicar disciplina y respeto no es incompatible con enseñar de un modo divertido e interesante, el problema es que sólo unos cuantos como usted saben hacerlo y transmitírselo al alumno, el resto de profesores mediocres se quejan diciendo que las clases de siempre no funcionan, qué le vamos a hacer...la eterna lucha.
Gracias por todo,
Un abrazo fuerte,
Virginia
Pdta: Agradezco a nuestra profesora Sara esta práctica pues ha conseguido que, tras escribir esta carta-reflexión, me sienta mejor.
Creo que la propuesta de la visita de un profesor de instituto, como le comentabas a tu profesor Gabriel que el mismo podría haber hecho, y ver la cara más afable de la docencia podría haber sido una actividad muy interesante. Espero no haber participado demasiado a esa visión tan negativa del mundo actual y de la adolescencia, bien es cierto que actualmente parece que son mayores las dificultades que se viven en las aulas, pero sinceramente creo que simplemente son las propias de la época, igual que en otros momentos de la historia serían otras diferentes. Mucho ánimo y no pierdas esa visión de la cara amable de la docencia que te llevara a ser una gran docente.
ResponderEliminarSaludos
SARA